10 Cosas que he aprendido viviendo en Bélgica

23 febrero 2017, Paula Úbeda Juan

Casi un año después de mi experiencia viviendo en Bélgica, sigo recordando cada momento con mucho cariño. ¿Quién me iba a decir a mi que iba a ser un año tan intenso? Apretujar todas mis cosas en una maleta que pesa casi como yo, despedirme de todos mis seres queridos, dejar atrás mi soleada Valencia para empezar en Lovaina… Puede parecer una locura, pero irme de Erasmus es lo mejor que me ha pasado en mi vida y me gustaría resumir algunas de las cosas que aprendí en el país de la cerveza y las patatas fritas.

Vivir en Lovaina

La palabra «hogar» cambia de significado

Todos conocemos esa famosa frase en inglés que dice «Home is where your heart is», pero pocos saben lo que realmente significa. Vivir en el extranjero te obliga a decir adiós a todo lo que conoces, a crear tu nuevo hogar allá donde vayas. Aprendes que puedes construir una nueva vida, crear lazos y vínculos increíblemente fuertes con desconocidos y sentirte como en casa durante una cena con esas personas de otros países que ahora viven contigo. Los domingos dejan de ser días de comida en familia alrededor de una paella y pasan a ser toda una aventura cultural con tu nueva familia extranjera, puede que tu compañero indio prepare pollo al curry o que tu nueva mejor amiga japonesa te prepare un buen plato de sushi, nunca se sabe.

Las distancias son relativas y el tiempo se mide en pequeños momentos

Puede que tú seas como yo e incluso las mínimas distancias entre ciudades te parezcan una barrera para las relaciones. Durante mi año en Bélgica descubrí que, si dos personas quieren estar juntas, harán lo imposible para verse, incluso si ello implica coger interminables buses para cruzar Europa solo para pasar un fin de semana contigo. Todo parece estar más cerca una vez sales de tu país, e incluso viajar a países lejanos puede convertirse en una gran aventura.

Es normal que el concepto del tiempo se deforme un poco durante tu estancia en el extranjero, es inevitable que veas acontecimientos importantes que ocurren en España a los que tú no puedes asistir, es duro, eh? Pero no te preocupes, esos momentos especiales a los que estabas acostumbrado se convertirán en conversaciones por Skype con los de siempre o en cervezas improvisadas con los nuevos.

Las amistades se vuelven más intensas

¿No conoces a nadie en tu nuevo país de acogida? No te preocupes, yo me fui a Bélgica sin conocer a nadie y te puedo asegurar que fue una de las mejores decisiones que tomé. Viajar sola no fue un problema, es más, tuve la oportunidad de conocer personas muy diferentes a mi, de las que podía aprender muchísimas cosas. El sentimiento de soledad y de emoción al llegar a un nuevo país une a personas, sin importar la cultura de origen. Superar juntos los problemas de burocracia, aprender a pronunciar el nombre de la calle de los bares, o incluso el de tu propia casa crea vínculos muy fuertes.

Además de aumentar tu círculo de amigos, lo mejor de conocer personas de todas partes del mundo es que ahora tendrás casas GRATIS en cualquier país. Imagínate poder pasar un fin de semana en París con tus nuevos amigos franceses, esto no tiene precio.

Mi experiencia en el extranjero

Aprendes a disfrutar de la soledad

Parece que con toda esta actividad social no vas a tener tiempo para ti, sin embargo tendrás momentos para poder descubrirte a ti mismo. No tener a tu familia o amigos cerca puede ser aterrador al principio, incluso un poco deprimente, pero aprenderás que la soledad es una oportunidad que tenemos para desarrollar nuestra autosuficiencia emocional, un lujo que pocos aprecian.

¿Normal? ¿Rutina? ¿Qué es eso?

Vivir en Bélgica me hizo darme cuenta que lo que yo consideraba «normal», como el simple hecho de dar dos besos para saludar, es una locura en otras culturas. Aprendí que hay otras formas de hacer las cosas, e incluso acabé adaptando las costumbres que me parecían tan raras al principio. ¿Comer a las 12:30 y cenar antes de las 20:00? Si me lo hubieran propuesto unos meses antes hubiera pensado que era una broma, pero aquí dónde me ves, ese es mi nuevo horario.

Te conviertes en una persona más libre

La valentía está sobrevalorada, todos tenemos miedo a lo desconocido, pero si no lo intentas nunca serás capaz de descubrir que eres capaz de hacer mucho más de lo que imaginas. Tú eres quién pone tus límites y vivir en el extranjero te permite darte cuenta que el miedo y las barreras son mentales. He descubierto que la vida es un proceso de aprendizaje constante, y cuanto más aprendas, más feliz serás.

Piensas, e incluso sueñas, en otro idioma

Una de las cosas que más me sorprendió es que empecé a mezclar el español y el inglés (no me atreví con el holandés), incluso tenía sueños en inglés. Gracias a vivir con personas que no hablaban mi idioma, me forcé a mi misma a mejorar mi inglés para poder ser independiente, hasta el punto que ahora puedo hablar perfectamente en ambos idiomas. El proceso no es tan fácil como parece, ¡e incluso puede que desaprendas español!

Vivir en Belgica

Las despedidas se convierten en algo habitual

Aunque las despedidas formen parte de tu vida, no dejan de ser difíciles. Sabes que muchas de las relaciones que estás construyendo en tu nuevo país son temporales y en algún momento vuestros caminos tomarán rumbos distintos. Es inevitable y la nostalgia te invadirá en el momento más inesperado, simplemente con escuchar una canción, un olor, cualquier detalle te hará echar de menos pequeños detalles que nunca imaginaste. En estos momentos, no te desanimes, recuerda todos esos buenos momentos que tienes guardados en tu memoria y sigue adelante.

La bicicleta como medio de transporte

«Haz como lo los locales» decían, «Si ellos pueden hacerlo, tú también»… Eso me recomendaron mis amigos porque no habían visto a los belgas con las bolsas del súper colgadas en el manillar de la bici, o arrastrando una maleta y conduciendo la bicicleta con una mano. Al principio esto me parecía imposible, pero con el tiempo descubrí que la bicicleta es el mejor invento del mundo. He pasado de tener miedo a todos esos ciclistas gritando en un idioma que no conozco, a ser una de ellos, ¡ahora no puedo ir sin mi bici a ninguna parte!

Cambias

Vivir en el extranjero es como una ducha de agua fría por las mañanas, te hace espabilar, crecer como persona, madurar y mejorar. Ahora miro atrás y todavía recuerdo a una Paula asustada que no sabía que iba a pasar en Bélgica. Al irme al extranjero tuve que salir de mi zona de confort, ir a un supermercado dónde no entendía el idioma, pagar facturas, hacer el papeleo de la universidad. No puedo explicar lo mucho que he crecido, ahora estoy mucho más segura de mi misma y he descubierto que tengo más fuerza de la que imaginaba. Vivir en otro país te abre la mente, te vuelve más sociable y dispuesto a aprender de los demás.

No hay vuelta atrás, una vez descubres lo grande que es el mundo no puedes parar de explorar, la sensación de aprender algo nuevo cada día es inexplicable. La sensación de bajarte en la estación de tren de tu nueva ciudad y decir «estoy en casa». Una vez que pasa eso, dejas un trocito de tí en esa ciudad. Vivir en el extranjero es una experiencia que todos deberíamos tener una vez en la vida.

Erasmus en Lovaina

Espero que mis palabras te sirvan como un pequeño empujoncito para dar el paso de mudarte al extranjero. Os aseguro que, pese a todas las dificultades que pueden surgir, vale la pena.

Comparte este artículo: